De Genios (II)

Una oleada de sollozos apasionados la sofocó. Se acurrucó en el suelo como un ser herido, y Dorian Gray la contempló con sus bellos ojos, plegando sus labios por un exquisito desdén. Siempre hay algo ridículo en las emociones de las personas que ha dejado uno de amar. Sybyl Vane le parecía absurdamente melodramática. Sus lágrimas y sus sollozos le aburrían.
-Me voy -dijo al fin con voz tranquila y clara-. No quiero ser cruel, pero no puedo volver a verte.

El retrato de Dorian Gray, Capítulo VII (fragmento)

Oscar Wilde

2 ¿eco?:

Anónimo dijo...

me suena a algo familiar, a ti no?

El Vecino de Socrates dijo...

Me encantó ese libro...!


Saludos


Cristian.-

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