De Galanes

Aquel que nunca tendra oportunidad.

Es triste. Porque una no quiere hacerlo. No es algo que se hace a propósito, ni por ser asquerosa, ni por orgullo, ni mala leche. Una no puede y punto. No le gusta, no le atrae, no le convence, no lo digiere, no lo soporta, lo detesta… en los casos más patológicos.
He tenido alguno que otro, por suerte muy pocos. Y siempre no he sabido como sacármelo de encima. Sé de casos que llevan años tratando de que la señorita le dé alguna posibilidad en su vida. Nunca lo lograron y, lo que es peor, nunca lo lograrán.
Son los hombres que jamás llegarán a conseguir lo que quieren: a ella.
Los que nunca tuvieron la más mínima posibilidad de anotar un gol en el casillero. Y los que estarán sentados en el banco, pero no de suplente, en el banco de la tribuna, en la popular, apretujado entre hinchas furiosos, sentado eternamente mientras las damas juegan campeonato tras campeonato. Algunas con el equipo completo. Y él sigue esperando.
Son los chicos que por más que intenten nunca saldrán de la categoría -si tienen suerte- de amigos, un amigo encubierto, y si no de compañeros de algo, o simplemente conocidos.
Son las bandadas de hombres que andan por la vida soñando que la damisela un día se dé cuenta de que es el hombre ideal para ella. Cosa que jamás ocurrirá.
Y para esto el que nunca tuvo posibilidad no cesa en su lucha, como un espadachín del amor, emprende día a día, año a año, década a década -algunos se sostienen por años- una nueva estrategia.
Si falló la idea de comprar bombones caros y llevárselos cuando van juntos a un concierto porque ella le dijo: ¿no sabés que estoy haciendo dieta? Entonces, enseguida recurre a otro plan.
Cómo puedo ser tan idiota, se pregunta él, luego de comerse el décimo bombón que la chica rechazó. ¿Cómo no pudo darse cuenta de ese detalle? Es cuando se le ocurre que lo mejor es grabarle un Cd con todos los temas que a ella le gustan.
A ella le encantó el cd, y se lo agradeció, pero hasta ahí, no sea cosa que se confunda, e interprete como un avance su agradecimiento. El gesto, divaine; pero... él le sigue sin gustar.
Y las 203 canciones que bajó noche tras noche en mp3 con el Emule, no sirvieron de nada. Pero, él no cesa, y sigue pensando que con algo la va a convencer. Después de todo, ella sonrió cuando se lo dio, y esa es una buena señal. El más mínimo detalle, que para otro pasa desapercibido, para este tipo de hombre es indicio de un incipiente amor por parte de ella.
Javiera tiene uno que entra en la categoría del que nunca tuvo posibilidad. Se llama como su segundo nombre es Tobías, le dicen Toby, más nombre de perro no puede tener. Es un compañero del secundario. No es feo, porque es el primer punto que hay que aclarar, la belleza exterior no tiene nada que ver con esto. Lo que sí es feo es tener que decirle a alguien: no me gustas, no quiero salir contigo no hagas más cosas para convencerme, es que no te das cuenta, qué necesitás que te mande una carta documento.
Ya en la universidad es historia antigua, pero él todavía la sigue llamando para las fiestas de fin de año. Hace poco le mandó al celular un mensaje con el nuevo número de teléfono, cuando ella nunca lo llamó al anterior y además lo borró del Messenger. Pero, él sigue insistiendo.
En eso hay que felicitar a estos hombres, son los seres más constantes del planeta, nada les hace cambiar la perspectiva, y siguen, y siguen, y siguen. Son un ejemplo de la perseverancia que no lleva a ningún lado.

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