Había una vez...
entre los 8 y 17 años iba todos los veranos de vacaciones a La Serena, arrendábamos siempre el mismo departamento frente a la playa, pero yo nunca me bañaba en la playa: le temía a las medusas.
Una niña de mi edad iba también todos los veranos, su familia se parecía a la mía, a través del tiempo nos hicimos amigas, cuando le pregunte que quería ser cuando grande, me respondió que su sueño era ser cantante y para sorpresa mía su mama incentivaba ese sueño. Yo le respondí que quería ser escritora, y ella sonrió. El ultimo verano que la vi antes de irnos le prometí comprar un disco de ella si alguna vez sacaba alguno, y ella prometió hacer lo mismo si escribía un libro. Un beso en las mejillas y nunca mas la vi.
El otro día supe nuevamente de ella, al parecer hizo infinitos casting en television, radios y otros, tomo clases de canto y esta en eso, pronto aparecerá en esos programas juveniles que ella tanto veía.
Yo en cambio, decidí ir por el camino regular, decidí estudiar derecho y me metí a una universidad tradicional de mucho prestigio, pero por razones que aun no puedo comprender odiaba en lo mas profundo estudiar los códigos, pensé que era la universidad y me cambie a una privada en donde encontré lo mismo con otro envase. Lo odio, odio que las palabras, tan increíblemente extrañas, magnificas, creadoras de realidades ficticias se perdieran en rígidos códigos. Es una matanza infinita.
Una niña de mi edad iba también todos los veranos, su familia se parecía a la mía, a través del tiempo nos hicimos amigas, cuando le pregunte que quería ser cuando grande, me respondió que su sueño era ser cantante y para sorpresa mía su mama incentivaba ese sueño. Yo le respondí que quería ser escritora, y ella sonrió. El ultimo verano que la vi antes de irnos le prometí comprar un disco de ella si alguna vez sacaba alguno, y ella prometió hacer lo mismo si escribía un libro. Un beso en las mejillas y nunca mas la vi.
El otro día supe nuevamente de ella, al parecer hizo infinitos casting en television, radios y otros, tomo clases de canto y esta en eso, pronto aparecerá en esos programas juveniles que ella tanto veía.
Yo en cambio, decidí ir por el camino regular, decidí estudiar derecho y me metí a una universidad tradicional de mucho prestigio, pero por razones que aun no puedo comprender odiaba en lo mas profundo estudiar los códigos, pensé que era la universidad y me cambie a una privada en donde encontré lo mismo con otro envase. Lo odio, odio que las palabras, tan increíblemente extrañas, magnificas, creadoras de realidades ficticias se perdieran en rígidos códigos. Es una matanza infinita.
domingo, agosto 03, 2008
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